INGLES,ITALIANO,FRANCES Y ALEMAN

martes, 9 de octubre de 2012

MARCELINA LA GALLINA ROJA-CUENTON INFANTIL

Había una vez una gallina roja llamada Marcelina, que vivía en una granja rodeada de muchos animales. Era una granja muy grande, en medio del campo.
En el establo vivían las vacas y los caballos; los cerdos tenían su propia cochiquera. Había hasta un estanque con patos y un corral con muchas gallinas. Había en la granja también una familia de granjeros que cuidaba de todos los animales. Un día la gallinita roja, escarbando en la tierra de la granja, encontró un grano de trigo.
La gallina roja

El valor del esfuerzo

Pensó que si lo sembraba crecería y después podría hacer pan para ella y todos sus amigos.
-¿Quién me ayudará a sembrar el trigo?, les preguntó.
- Yo no, dijo el pato.
- Yo no, dijo el gato.
- Yo no, dijo el perro.
- Muy bien, pues lo sembraré yo, dijo la gallinita.
Y así, Marcelina sembró sola su grano de trigo con mucho cuidado. Abrió un agujerito en la tierra y lo tapó. Pasó algún tiempo y al cabo el trigo creció y maduró, convirtiéndose en una bonita planta.
-¿Quién me ayudará a segar el trigo?, preguntó la gallinita roja.
- Yo no, dijo el pato.
- Yo no, dijo el gato.
- Yo no, dijo el perro.
- Muy bien, si no me queréis ayudar, lo segaré yo, exclamó Marcelina.
Y la gallina, con mucho esfuerzo, segó ella sola el trigo. Tuvo que cortar con su piquito uno a uno todos los tallos. Cuando acabó, habló muy cansada a sus compañeros:
-¿Quién me ayudará a trillar el trigo?
- Yo no, dijo el pato.
- Yo no, dijo el gato.
- Yo no, dijo el perro.
- Muy bien, lo trillaré yo.
Estaba muy enfadada con los otros animales, así que se puso ella sola a trillarlo. Lo trituró con paciencia hasta que consiguió separar el grano de la paja. Cuando acabó, volvió a preguntar:
-¿Quién me ayudará a llevar el trigo al molino para convertirlo en harina?
- Yo no, dijo el pato.
- Yo no, dijo el gato.
- Yo no, dijo el perro.
- Muy bien, lo llevaré y lo amasaré yo, contestó Marcelina.
Y con la harina hizo una hermosa y jugosa barra de pan. Cuando la tuvo terminada, muy tranquilamente preguntó:
- Y ahora, ¿quién comerá la barra de pan? volvió a preguntar la gallinita roja.
-¡Yo, yo! dijo el pato.
-¡Yo, yo! dijo el gato.
-¡Yo, yo! dijo el perro.
-¡Pues NO os la comeréis ninguno de vosotros! contestó Marcelina. Me la comeré yo, con todos mis hijos.
Y así lo hizo. Llamó a sus pollitos y la compartió con ellos.

Receta de Bizcochuelo de Chocolate y Nueces

Ingredientes:


Manteca, 150 gr
Azúcar, 200 gr
Huevos, 3
Vainilla, 2 cucharitas
Leche, 100 cc
Harina, 400 gr
Polvo de hornear, 4 cditas
Sal, 1 cdita
Nueces, 30
Cacao, 4 cdas colmadas


Preparación:

Una vez que cuentes con estos ingredientes podremos comenzar con la preparación de Bizcochuelo de Chocolate y Nueces siguiendo las siguientes instrucciones:
Pisar la manteca con el azúcar hasta formar una crema. Agregar la esencia, los huevos de a uno e ir mezclando suavemente. Incorporar el cacao, las nueces, la leche, la harina tamizada con el polvo de hornear y la sal.
Verter la preparación en un molde enmantecado y poner al horno hasta finalizar la cocción.

Datos ExtrasCantidad:8; Categoría: Tortas; Dificultad: Baja; Frio/Caliente: Frío; Vegetariana;

Bizcochuelo Base para Tortas de Fiestas

Ingredientes:


6 huevos
200 gr de azúcar
200 gr de Harina Leudante
Esencia vainilla
PreparaciónUna vez que cuentes con estos ingredientes podremos comenzar con la preparación de Bizcochuelo Base para Tortas de Fiestas siguiendo las siguientes instrucciones:
Con batidora eléctrica batir los huevos con el azúcar hasta alcanzar el Punto letra (al levantar el batidor la mezcla queda formando dibujos).
Una vez alcanzado el punto, con movimientos envolventes, agregar la harina tamizada.
Colocar en un molde de 22cm. enmantecado y forrado con papel manteca. Llevar al horno y encenderlo. Los primeros 10 minutos fuerte, para bajarlo a med/min por 20 o 30 min. más, depende del horno.
Clavar palito de brochette, si éste sale sin adherencias retirarlo del horno y desmoldarlo sobre rejilla.

Datos Extras
Tiempo: 45 minutos; Cantidad:20 porciones; Categoría: Tortas; Dificultad: Moderada; Frio/Caliente: Frío; Vegetariana;

LA CAJA MÁGICA-CUENTO INFANTIL

En un bosque aterrador en la ciudad de Londres, el guardián del bosque encontró una gran caja. De ella se desprendían luces, sonidos y una gran variedad de colores. Era mágica al mirarla. Rápidamente el guardia se fue a su casa y encontró riquezas infinitas. Pensó en fundar una escuela y un hogar para tantos niños que no tenían donde vivir. Así logro que muchos niños pudieran aprender buenas lecciones y tener una vida feliz

EL RATONCITO QUE SE LLAMA CUS-CUS -CUENTO INFANTIL

Los grandes -los papás y las mamás- muchas veces les hacemos cosquillas a nuestros hijos porque les encanta reírse, y con las cosquillas se ríen mucho más. Las preferidas son las del cuello y las de la panza, pero hay nenes cosquillosos por todos lados.
A mi hijo, Coco, le pasaba algo muy raro.
Cuando él nos cuenta cosas, pocas veces le creemos, porque pensamos que buena parte de sus comentarios son inventados, aunque él jure que todo es cierto. Fue por eso que al venirnos con la historia del ratoncito Cus Cus, no hicimos más que reírnos y seguirle la corriente.
Un día, haraganeando en su cuna para no levantarse, se reía y contorneaba. Pensé que era parte de su modorra mañanera, pero fue ahí que me dijo que lo visitaba un ratoncito. Él todavía no conoce al Raton Pérez, porque es chiquito. Este ratoncito se llamaba "Cus Cus", y no robaba nada: hacía cosquillas.
-Está por acá, buscálo- dijo agarrándose el cuello del pijama. Seguí con el dedo el lugar que me señalaba y me di cuenta que algo se escabulló cuando quise tocarlo. Ahí Coco se descostilló de la risa nuevamente. Al ratito paró y me miró.
-Se fue- insistió risueño.
Lo convencí que se levantara y se fuera a cambiar, pero me quedé pensando. Yo había visto que algo se escapaba por entre la ropa de Coco.
Al día siguiente, insistió con lo mismo, diciendo que estaba en la panza. Lo toqué despacito, para no hacerle cosquillas y esta vez, claramente, toqué algo peludo que se escabulló en cuanto sintió mi dedo, y comenzó a correr escondido en el pijama de Coco, que obviamente se reía a las mil carcajadas y saltaba para todos lados. Al ratito, Coco se aquietó.
-Se fue, buscalo- me volvió a decir tocándose las mangas de la remera.
-¿Qué es eso, Coco? -le pregunté casi asustada, mientras él se seguía riendo.
-El ratoncito Cus Cus- comentó todo contento. -Está en la ropa, ¿Viste vos?- decía mientras me enseñaba la panza. -Es muy chiquitito, corre rapidísimo.
-Ahí no hay nada, Coco- le aseguré.
Se miró la panza confundido y continuó.
-Ahora no está, se fue a dormir, acá- concluyó tocándose el ombligo. Me señaló y aseguró: -Vos tenés Cus Cus, papá también. Mirá -y no sé si él me hacía cosquillas o de verdad, un ratoncito muy muy chiquito, me recorría la ropa escapándose de las manos de Coco.
Con el paso de los días me di cuenta que Coco sabía mucho del ratoncito; visita a los nenes muy chiquitos y no quiere hacer cosquillas, sólo le gusta dormir abrigadito, pero si lo molestan, se asusta y corre, y ahí es cuando hace muchísimas cosquillas.
-Todos los nenes tienen Cus Cus - resopló, remarcando la obviedad. -Pero muchos papás no les creen- entendí que por eso se sabe muy poco de la historia del ratoncito Cus Cus. -Ojalá que todos los papás les crean a los nenes- murmuró medio dormido junto a su Cus Cus, que ya dormía hacía largo rato.

EL BARQUITO EN LA PLAZA-CUENTO INFANTIL

Vino el barquito, ¡el barquito! -exclamó el Coco en la plaza de Mar del Plata.
Me gustan los barquitos y por eso me llevaron a una plaza, donde me dijeron, que había uno muuuuy grande, y cuanto más grande son, más me gustan. La luna estaba en el cielo. Todas las noches espero a que salga, la busco de día incluso, a veces se ve. No sabía que había plaza de noche, que además se llena de gente.
Esa noche de la cual les cuento... había un montón de gente, toda mirando el barco grande. Me habían dicho que iba a haber "fuegos artificiales". Al principio yo no podía ni pronunciar esas palabras, les decía, fuebos arpifisales, en realidad, ni siquiera sabía de qué se trataba.
Un día, hace mucho, vi a los barquitos en el puerto de Mar del Plata. Me encantan, por eso, me alegré tanto, cuando me dijeron que esa noche iba a ver uno muuuy grande. Al rato de llegar a la plaza, me llevé una sorpresa. La plaza tenía las luces encendidas, porque era de noche. De repente, se apagaron de golpe, y así fue como conocí los fuebos arpifisales, eran muchas, muchas, muuuuchas luces -como las estrellas- de todos los colores, que hacían, "¡pum, pum!". Al lado de las luces, estaba el barquito, que también miraban, todos los que estaban parados al lado nuestro. Era enorme, nunca había visto uno así. No podía dejar de mirarlo. Había que asomarse por encima de las cabezas de las personas, ya que eran tantas, que me tapaban el barquito. Como los otros nenes chiquitos, estaba sentado en los hombros de mi abuelo. Desde allí, se veía fantástico. Cuando las luces se apagaron, "¡pum, pum!", se escuchó de nuevo, pero esta vez adentro del barquito.
-¡Humo!, -dijo el Coco sorprendido, viendo la nube negra que subía al cielo. Yo sabía que después del humo, viene el fuebo, y así fue. El barquito más grande del mundo, pero el más grande, se empezó a prender fuebo, después ese humo negro nos comenzó a envolver y casi no nos dejó respirar. El barquito más hermoso se prendía fuebo, sí, ¡fuebo! Como había mucho viento se empezó a quemar muy rápido, dejando a la vista alambres muy altos, mientras todo el papel y el cartón con el que estaba hecho , se arremolinó en el aire y empezó a caer prendido fuebo, sobre todos los que estábamos en la plaza. El cielo, oscurecido por el humo, parecía iluminado nuevamente por los fuebos arpifisales, pero esta vez, caían sobre nosotros, ¡y quemaban! La gente también sentía los pedazos de cartón del barquito prendidos fuebo, y se alejaba, como nosotros, de la plaza, ya que el cartón quemaba en serio. Todo el mundo se quejaba por la ropa que se les llenó de agujeros. A mi abuela se le prendió fuebo el pelo, a mí la campera. Pero eso no es lo importante. Yo, en los brazos de mamá, que me llevaba tratando de que no me quemara, no entendía nada.
Ya les dije: ni siquiera sabía lo que eran los fuebos arpifisales. Nunca había visto un barquito tan grande y no pude imaginarme que los que están en el mar, pudieran estar en una plaza, y encima prenderse fuebo; ¡imposible, si siempre están mojados!
Esa noche, mis abuelos me preguntaron sobre las luces y el barquito, pero yo no dije nada. Necesitaba pensar. Al día siguiente, ningún comentario. Al otro día, nada. Cuando yo quise, empecé a contar lo que ahora mi mamá está escribiendo. Nadie lo podía creer, pensaron que me había olvidado. ¡Cómo me iba a olvidar! Tenía que salir de toda mi sorpresa, que era mucha. Durante mis días de silencio, los escuché decir que, en realidad, todo me había asustado; que el humo, que fueron los fuebos arpifisales, que fue el barquito tan grande... claro, que me había impresionado verlo prenderse fuebo. Yo los escuchaba, pero no les decía nada. Se equivocaban: a mí no me asustó nada.
Ya pasaron un montón de días de lo de la plaza, me acuerdo de cada una de las cosas que vi, y las nombro todos los días un ratito, ya que no me imaginé que todo eso pudiera pasar. También, ese día conocí mejor a los grandes. Ellos me llevaron a la plaza, a ver el barquito porque pensaron que me pondría contento, recién pensaron distinto, cuando vieron que otros nenes lloraban.
Pero a mí, todo lo que vi, me dejó silencioso durante días: fue asombroso. Y ahora, imagino que a los barquitos, a las plazas de noche y a las estrellas, pueden pasarles cosas, que yo no sabía que pasaban. Ahora sé, que las plazas están abiertas de noche, y las estrellas hacen "pum, pum", y los barquitos no siempre navegan solamente por el mar, incluso los veo en el campo, con las vacas. ¿Vos, nunca los viste? ¿Susto? ¿Susto, yo?
Los grandes a veces piensan cosas que no son ciertas.

Basada en una historia real, sucedida el día de la "Cremà de la Falla Valenciana".

LOS DUENDES DEL BOSQUE-CUENTO INFANTIL

Hace muchos años vivían en el bosque, unos duendes que trabajaban haciendo botellas brillantes y que además eran mágicas, a las que les colocaban un líquido espeso, que intensificaba su brillo de noche.
Una tarde de verano, cuando regresaban a su casa, se encontraron cerca de unos pinos altísimos, a una pobre niña que lloraba, porque no encontraba el camino a su casa. Sus pequeñas zapatillas ya estaban rotas de tanto caminar y los duendes, al verla tan triste, decidieron ayudarla a encontrar su hogar.
Luego de mucho caminar llegaron a una cabaña muy bonita, la niña les agradeció que la hayan ayudado y les explicó que esa era su casita.
Los duendes le regalaron una de sus botellas brillantes, para que la tuviera de recuerdo y la ayudara, cuando ella lo necesitara.